
EL ALCOHOL Y LOS PROBLEMAS FAMILIARES ME LLEVARON A LA CALLE. NO FUÉ UNA ELECCIÓN.
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- Creado en Sábado, 14 Abril 2012 12:13
Lázaro es un torreño sin techo que reside en la casa de acogida Madre de Dios de Granada
«Trabajaba haciendo VPO por la Junta de Andalucía. Económicamente estaba bien y familiarmente también. Hasta que me separé de mi esposa y comenzaron los problemas. Su continuo estado de nervios, la prohibición por parte de mis suegros para que viese a mis hijos y una serie de circunstancias añadidas, hicieron que me refugiara en la bebida. Me gasté el dinero en alcohol y me quedé sin nada. Estuve vagando de un lado a otro en busca de trabajo. Al principio me daba vergüenza pedir, pero no tuve otra opción cuando pasaba días enteros sin llevarme nada a la boca. Llegué hasta Ciudad Real, después de haber estado en Murcia y Logroño, y en entré al hospital voluntariamente para pedir ayuda. Sabía que yo solo no conseguiría desintoxicarme, y continuar con la vida que tenía era demasiado. La calle deteriora mucho. Leyeron mi historial y me trajeron aquí».
El pasado 27 de noviembre se celebró el ‘Día de las personas sin hogar’. La de Lázaro es solo una de las cientos de historias escondidas detrás de esas personas que bajo cartones, y solo con lo puesto, ven pasar los días bajo la impasible y, a veces, recriminadora mirada de instituciones y sociedad. A sus 51 años, y natural de Torreperogil aunque en Granada desde hace media vida, lleva dos en la Casa Madre de Dios intentando, poco a poco, salir de donde estaba. «Vivir en la calle es muy duro, pero las miradas de desprecio de la gente y el rechazo, son aún peores. En la vida creí que yo iba a estar en esa situación, pero me tocó, igual que le puede tocar a cualquiera. No es algo que nosotros elijamos. En mi caso, he estado solo. Mis hijos no me han buscado», comenta Lázaro quien, pese los difíciles momentos que deja atrás, prefiere mirar al futuro y pensar en todo lo que le queda por hacer.
Según el coordinador técnico de Casa Madre de Dios, perteneciente a Cáritas, Roberto Peña, «en 2010, pasaron por aquí 876 personas. No todas dejan la calle, solo unos pocos, aquellos que tienen mayor fuerza de voluntad. La coyuntura en la que estas personas se encuentran es de exclusión extrema. Ahora mismo, el número de sin techo está medianamente contenido porque todavía hay gente que percibe algún tipo de prestación, pero es posible que esa cifra aumente durante los próximos años por la finalización de esas ayudas».
Atención integral
Esta casa de acogida desarrolla un programa de atención integral para las personas sin recursos. «En lo que denominamos servicios residenciales, distinguimos tres fases que son: una de atención inmediata y que está destinada a esas personas que consumen algún tipo de drogas y no puede dejarlo de la noche a la mañana; otra que es de acogida, se da cobertura a las necesidades básicas, como tener un sitio donde dormir, comer y lavarse; y una tercera de observación, donde se trabaja de manera más personalizada. En este último caso si son personas jóvenes, con poco tiempo en la calle, se les presta un servicio de atención rehabilitadora enfocado a perfeccionar las habilidades domésticas, búsqueda de empleo, entre otras. Si llevan mucho tiempo en la calle, entonces, el servicio será de tutelaje, un recurso puente entre la calle y la residencia», explica Roberto mientras señala que en 2010, de las 44 personas que llegaron a esta fase, solo 18 consiguieron completarla con éxito, puesto que el grado de deterioro «es muy elevado y resulta bastante complicado llevar a cabo el trabajo de recuperación».
Sobre todo varones
En cuanto al perfil que presentan las personas sin hogar, el coordinador técnico de esta casa de acogida sostiene que son varones, con un nivel de formación bajo –estudios primarios aunque también los hay con estudios superiores pero de otros países–; extranjeros, el 50% de ellos; solteros o separados; desempleados en el 90% de los casos; y con problemas de adicciones, así como de índole familiar». «Nosotros damos asistencia fundamentalmente a hombres. Del total de personas sin hogar, un 10% serían mujeres. Es más difícil que una mujer acabe en la calle que un hombre», asegura este trabajador social mientras reconoce que la percepción que la sociedad tiene de esta gente es «errónea».
«La sociedad no sabe la cantidad de sucesos vitales estresantes a los que estas personas se ven sometidos. Todos cargamos a la espalda una mochila figurada con acontecimientos que nos marcan a lo largo de nuestra vida. Para una persona en situación normal, la media de sucesos vitales estresantes está en dos o tres. Para ellos, aumenta a los 14. En muy poco tiempo han sufrido el abandono de sus padres, ver a sus progenitores consumir, abusos por parte de esos progenitores o de algún familiar, fallecimiento de la madre, entre otras circunstancias», precisa Roberto.
Por otra parte, en Granada, tal y como subrayan los que trabajan día a día con las personas sin techo, «no hay centros ni recursos suficientes para ofrecer ayuda a todos». «El balance anual muestra que durante el pasado año estuvimos ocupados al 99,99%. En enero se llegó al 114% y se mantuvo así hasta julio, cuando se bajó al 98%. No obstante, no pudimos atender a 283 personas por falta de plazas», recalca Roberto Peña, el coordinador de Madre de Dios.
FOTO Y TEXTO: IDEAL GRANADA
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